Diferencias entre el Cartujo y el Ruso Azul

Cartujo: El cazador de los monjes

A diferencia de las otras dos razas azules, los robustos cartujos o chartreux son gatos de ojos de color dorado cobrizo y un espeso pelaje corto que repele el agua. De envergadura mediana a grande y complexión fuerte, pero ágiles y de suaves andares, se dice que los monjes cartujos forjaron esta raza como cazadora de ratones para preservar sus manuscritos. Su inteligencia, fortaleza y buena disposición le permitieron sobrevivir a pesar de que se cazaban por la calidad de su piel, parecida a la de la nutria.

La cabeza es redondeada y ancha, con potente mandíbula y mejillas llenas; los machos maduros incluso lucen papada. Tiene una expresión dulce y sonriente, característica de la raza. El pelaje, entre mediano y corto, en dos capas, ofrece una textura levemente lanosa, especialmente en los machos adultos, que exhiben los mantos más densos; el pelaje de las hembras y gatos menores de dos años es más sedoso y fino. Pueden lucir cualquier tonalidad gris azulada, desde un ceniza a un pizarra; las puntas plateadas crean reflejos iridiscentes.

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Azul Ruso: Todo un aristogato

Un azul ruso trae inmediatamente a la memoria las esculturas de gatos egipcias, por su porte estilizado y sus orejas alargadas y anchas en la base. Tienen ojos verdes rasgados y una densa capa doble de lustroso pelo corto. El pelo de guarda, más largo y claro en la punta, produce un efecto de reflejos plateados; la capa inferior, de pelo muy fino, le confiere un extraordinario tacto de seda. Respecto a su carácter, son gatos inteligentes, activos, dulces, cariñosos y un poco tímidos, que aprecian especialmente la tranquilidad.

La raza Azul Ruso es tan antigua como poco común. Se trata de una de las pocas razas puras naturales que existen,  no ha surgido del cruce de otras. Aunque no hay certeza absoluta, su origen se sitúa en el norte de la Rusia europea. Llegaron a Inglaterra y Escandinavia hacia mediados del siglo XIX, a bordo de los barcos que partían del puerto de Arkhangelsk, en el mar Blanco. Se dice que se convirtieron en los favoritos de algunos monarcas británicos, como antes lo habían sido de los zares.

 

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